Vacaciones con bebés: limitaciones reales y creadas
Cuando esperas el primer hijo sueñas con que un bebé no va a convertiros en una pareja casera, monótona y aburrida. Al contrario, piensas que haréis con vuestro hijo más cosas y más emocionantes que antes de tenerlo.
Pero luego llega el bebé y a las limitaciones reales se une una tendencia a exagerar miedos e incomodidades, que en el fondo esconde una gran pereza: “¿por qué no dejamos la travesía por el desierto para dentro de unos años… y este verano vamos a un hotel a Gandía?”.
Ni tanto ni tan calvo
Es importante sentirse seguro en cuanto a una posible intervención médica, y saber que podemos encontrar agua y comida para ellos. Pero eso lo hay en muchos sitios, incluso fuera de España!! (quién lo iba a decir).
A partir de ahí, la planificación es similar a la que hacen los montañeros: llevar todo lo necesario, de la manera más cómoda y minimizando el peso. Y el material deportivo puede ser de gran ayuda, como por ejemplo la mochila.
La mochila es fundamental porque apenas notas el peso y te deja las manos libres. En una de tamaño medio metes todo lo básico, más algunas otras cosas útiles en paseos largos o excursiones por la naturaleza: una mantita de batalla (las hay de forro polar, cómodas y baratas), agua (las mochilas de andar en bici llevan bolsas de agua que pesan mucho menos que las botellas y que son más fáciles de malear), un minitermo (mantiene agua ardiendo durante horas por si hay que dar un bibe de leche en polvo), ropa de repuesto por si las regurgitaciones, el duo dinámico (Apiretal y Dalsy) y un minibotiquín, que deberíamos llevar siempre a mano (crema cicatrizante, barra antichinchones, cuatro o cinco cápsulas de suero fisiológico y unas gasas, como mínimo). Para las playas desiertas, en Decathlon venden minitiendas de campaña, que se despliegan automáticamente en segundos y que no pesan nada, atadas a la mochila.
Hay carritos que van por casi cualquier sitio. Y si el terreno es más delicado, te lo puedes ahorrar con algún tipo de portabebés (sin olvidar proteger la cabecita).
Así que ánimo. Nuestros hijos aprenderán de nuestros hábitos, y lo mejor es que nosotros mismos no nos dejemos vencer por la pereza y llevemos una vida activa y entretenida, al menos en vacaciones.
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