Trucos para la lactancia materna

La decisión de dar el pecho al bebé constituye un acto de gran intimidad con el pequeño y, desde el primer momento después del parto, contribuye a crear y reforzar el vínculo de amor con él.
Sin embargo, en numerosas ocasiones, la lactancia materna da origen a problemas y existe poca información para ayudar a la madre a afrontar y resolver de la mejor manera todos los trastornos que pueden padecer.
En consecuencia, es fundamental informarse correctamente sobre la prevención a adoptar durante el embarazo y después del nacimiento del bebé, saber cómo reconocer los síntomas de los trastornos del pecho y cómo actuar de forma adecuada, con el fin de no correr el riesgo de privar al niño de este alimento tan insustituible para su desarrollo, que constituye el mejor alimento posible para él.
Es aconsejable ponerse al niño en el pecho poco después de su nacimiento, de manera que se estimule la subida de la leche y se habitúe al bebé a actuar por instinto. Gracias a la presencia del personal médico, podrás pedir consejos para llevar a cabo una toma correcta. Si el niño se agarra al pecho de la forma adecuada, la succión nunca debe ser dolorosa ni provocar irritaciones, ni siquiera cuando es de una duración prolongada.
Prevenir los trastornos del pecho.
Durante el periodo de gestación, hay que frotarse los pechos con una toalla aspera para reforzar los pesones. En cambio, durante el período de la lactancia, conviene realizar tomas frecuentes variando de vez en cuando la posición del pequeño, intentar mejorar el drenaje del seno (aplicándote compresas calientes antes de la tetada, apretándote el pecho de forma natural y realizándote masajes), prestar la debida atención a la posición en la que el bebé succiona, y evitar los sujetadores demasiado estrechos y la ropa ajustada.
Las grietas
Las grietas son unos cortes más bien profundos que se sitúan en el centro del pezón y que son bastante dolorosos. Están provocadas por una posición de succión incorrecta. Ante todo, es importante corregir los errores de la posición del bebé y continuar con las tomas, aunque los cortes sangren (con el fin de evitar el riesgo de una obstrucción mamaria o una disminución de la producción de leche).
Si la visión de la sangre te frenase a la hora de amamantar a tu hijo, puedes escoger la opción de apretar el seno manualmente hasta que pase el trastorno. Sobre todo en estos casos, es fundamental una higiene personal muy cuidadosa, que se base en la utilización de productos estrictamente naturales.
La mastitis
La mastitis es una inflamación de las mamas, debida a una infección causada generalmente por la penetración de microbios en el interior de la glándula mamaria, a través de grietas o de cortes en los pezones. Puede estar provocada por el estancamiento de leche en el interior del seno, debido por ejemplo al salto de una o más tomas, y puede manifestarse (normalmente, alrededor del tercer-quinto día de lactancia, o entre la segunda y la cuarta semana) con fiebre elevada precedida por temblores, senos más grandes, duros y tensos, y con una zona de la piel enrojecida y brillante.
Para prevenir esta molesta infección, sólo hay que prestar mucha atención al pecho, partiendo de la simple higiene y, en el caso de que se formen cortes en el pezón, es necesario aplicar compresas de agua caliente antes de cada toma. Si resulta necesario, el médico puede que te aconseje recurrir a un antibiótico.
Durante la tetada, debe colocarse al bebé de manera que su barbilla presione la parte inflamada (aprovechando su “roce” para eliminar la obstrucción), así como aplicarse un paño caliente y húmedo antes de la lactancia.
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