Maleducando para el éxito

23 de junio de 2010 por

Siempre he actuado como si creyera que la honradez a la larga tiene su recompensa, que hay que sembrar para luego recoger, y que cuando se trabaja en equipo, 1 + 1 suman tres. Y así me luce el pelo…

He intentado cambiar varias veces (bien por ambición, bien por supervivencia) pero no me sale, son vicios arraigados durante décadas. Ahora bien, con mis hijos puedo corregir y enseñarles desde pequeños a defenderse en la vida real.

Que aprendan que para conseguir el éxito lo importante no es sembrar, sino recoger lo que siembran otros, porque si no pisas te pisan; que cuando das la mano te cogen el brazo, que si uno no quiere, dos no colaboran; que a nadie le interesan los perdedores y que “tú miente, que algo queda”. Que lo importante son los contactos, no los amigos; que no es más rico el que más tiene, sino el que peor paga, que el que no corre vuela, y que maricón el último.

Mi propósito es arraigarles desde pequeños principios realmente útiles, para que su supervivencia no se vea lastrada por remilgos ni ideales absurdos que sólo sirven para justificar fracasos. Y para que duerman tranquilos, porque duerme peor el que tiene la conciencia limpia, que el que no tiene conciencia.

Pero maleducar bien no es fácil, porque a la mínima caigo en la tentación de decirles que compartan, que respeten a los demás, que no se peleen, que sean responsables de sus errores y otras tonterías. Y lo que es peor, sufro de incontrolables accesos de mimos que no hacen más que ablandar su carácter. A veces me doy cuenta sobre la marcha y pienso “vaya, he vuelto a hacerlo, pobres niños”.

En fin, creo que no tengo remedio y que mis hijos son víctimas inocentes de mi debilidad. Será porque en el fondo pienso que tomarse la vida como una competición es muy estresante. Es difícil disfrutar si estás permanentemente en alerta, sin descanso. Y probablemente las victorias no se saborean con gusto, y las derrotas no se encajan con resignación.

Así que niños, esto es lo que hay.

Temas: Educación, Educación de los niños, Educación infantil, Ser padres

Comentarios 2 comentarios
  1. me da pena porque veo en tus palabras que los has pasado muy mal en la vida; durante muchos años me identifico contigo; creia que para que le pegaran a mis hijas mejor pegaran ellas (no es que quisiera que pegaran pero si habia que escoger…)
    No sé si ha sido la vida o la actitud lo que me ha cambiado pero llevo deshaciendo el trabajo echo, des del convencimiento que para cambiar el global hemos de actuar de manera local. Amo a mis tres hijas (y “malcrio” a mi bebe de dos meses como jamás me permití hacerlo con las otras dos, no fuera a ser que se malhabituaran al amor) y procuro deshacer las cosas y empezar de nuevo con las mayores. Des del convencimiento que esa es mi manera de cambiar el mundo.
    Por supuesto que el ser buenas, les traerá consigo muchas veces ser las tontas; pero y qué llenas estarán!!! y siempre podrán volver al cobijo de mamá pollita.
    Espero que pase algo en tu vida que te haga cambiar y te vuelvas a mover por las emociones; porque en realidad te hace feliz en quien te has convertido aceptando, sin más que todo el mundo es “malo” por genética?

    africa — 1 de julio de 2010 @ 15:06 pm
  2. Africa, creo que pensamos exactamente igual. Quizá el texto es un poco exagerado y hay demasiadas maldades concentradas, pero a los dos se nos ha pasado la misma duda por la cabeza (¿los buenos son tontos?) y los dos hemos llegado a la misma conclusión (no, los tontos infelices son los que se toman la vida como una competición). Tú insinúas además algo muy importante: la mayoría, la silenciosa mayoría, es buena gente.

    Lo que pretendo exponer en el post es mi preocupación como educador ante determinados modelos de éxito que no me gustan, y valores como que “siempre tiene razón el que grita más alto”, alimentados por los medios, incluso por la clase política.

    Un saludo y gracias,
    * Afortunadamente la vida no me ha tratado demasiado mal, sería más justo decir que me trata muy bien ;-)

    Ata — 2 de julio de 2010 @ 10:39 am
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