Los piojos: contagio y tratamiento
Siempre se ha dado mucha importancia a los peines, a los cepillos e, incluso, a los gorros, para la transmisión de los piojos.
Hoy se ha demostrado que no la tienen. Las liendres, es decir, los huevos que se desprenden de un sitio, ya no podrán fijarse de nuevo en otro lugar, que es precisamente a esos centímetros del cuero cabelludo para obtener el calor y la humedad suficientes.
No se pueden fijar porque les falta el pegamento que la madre les proporciona.
El contagio es por contacto directo del infestado al limpio. Aunque es cierto que en los pelos largos y abundantes, y en donde no entra ni agua, ni jabón, ni peine, es donde mejor se encuentran.
Se distribuyen en todas las capas sociales y, por ende, no están vinculados al estatus socioeconómico; presentándose más en mujeres que en hombres.
A modo de curiosidad podemos decir que el piojo europeo tiene los ganchos de sus patas preparados para fijarse en pelo europeo. De ahí que sea muy difícil que pueda fijarse, por ejemplo, en el pelo de los negros que, además de muy rizado, tiene una sección ovalada.
La infestación por piojos es escasa entre los niños menores de cinco años, siendo muy frecuente entre los cinco y los catorce años.
Contagiarse por huevos unidos a pelos sueltos es muy difícil ya que el huevo, para madurar, tiene que estar, por lo menos, una semana a la temperatura de la cabeza. Por otra parte, los piojos que caen sobre los hombros o en los respaldos de las sillas tampoco se contagian ya que son piojos muertos o débiles.
Sintomatología asociada
Si los piojos se limitan a subsistir con la sangre que nos consumen, quizá no fueran mayor problema. Pero es evidente que su peligro no sólo radica en que nos piquen. Y es que el piojo tiene que perforar el cuero cabelludo y luego succionar.
Además, la saliva irritante inyectada durante la alimentación produce una especie de roncha. Como chupan sangre de forma muy frecuente, acaban produciendo una irritación y un picor que se puede calificar de inaguantable. Entramos, entonces, en un círculo vicioso: el rascado aumenta la inflamación, formándose unas pequeñas heridas que van a ocasionar una infección.
Uno de los síntomas más frecuentes de que hay piojos, aparte del picor y el rascado continuo, es la pérdida de sueño. El niño con piojos no puede dormir. Y no sólo por el picor, sino por la irritación de la cabeza. También puede aparecer un poco de fiebre; y un dolor muscular en las piernas e, incluso, hasta algún rasgo de depresión. Y, por si fuera poco, el piojo puede contagiar bacterias como las del impétigo.
Tratamiento específico
El tratamiento consiste en la aplicación local de cualquier insecticida que tenga acción sobre el piojo adulto y sus huevos. Estos preparados suelen utilizarse en forma de lociones o champús. Cuando se utilizan lociones, el cabello no se lavará antes, ya que la grasa facilita la fijación del insecticida. El pelo se debe dejar secar espontáneamente y esperar, al menos, doce horas para lavarlo. Los champús se aplicarán de forma ordinaria, dejándolos actuar diez minutos antes de enjuagar el pelo y repitiendo una segunda aplicación al día siguiente.
También se puede utilizar vinagre templado. Se lava la cabeza y, sin secar, se aplica el vinagre templado, con cuidado de que no caiga en los ojos. Se envuelve la cabeza con una toalla y se mantiene así durante media hora. Se lava la cabeza de nuevo, se seca y se fricciona con insecticida. Se repite el tratamiento al día siguiente y luego una vez por semana durante algún tiempo.
- Otros remedios caseros para eliminar piojos y liendres.
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