Los padres son clave en el diagnóstico de la tartamudez
En muchas ocasiones resulta bastante complicado distinguir entre la disfluencia (repetición de sonidos, sílabas y palabras de los dieciocho meses de edad hasta los tres años) y las primeras señales de tartamudez. De hecho, el diagnóstico de la tartamudez es, en la mayoría de las ocasiones, provisional, basándose en la información directa del niño y en los datos aportados por los padres en relación a cómo se expresa el niño en las diferentes situaciones y momentos.
En el caso de la disfluencia normal, los padres tendrán que tranquilizarse entendiendo esta situación como parte integrante de un proceso totalmente aceptable dentro de su desarrollo evolutivo. Esto es, por ejemplo, como cuando un niño comienza a andar y se cae en repetidas ocasiones.
En todo caso, si la situación de tartamudez se prolonga en el tiempo, produciéndose un incremento de las repeticiones, podríamos hablar de tartamudez leve o moderada. Al principio resulta más confusa pero, poco a poco, nos damos cuenta de esta anomalía en el momento en que el niño elabora frases de dos palabras al menos.
Generalmente, para proceder a un tratamiento adecuado, basta con la colaboración de los padres. Las pautas a seguir serían muy simples en un principio; a los niños que inician un tartamudeo simple, se les tiene que dar tiempo para que se puedan expresar tranquilamente, dejándoles que se comuniquen sin ponerles nerviosos y, sobre todo, hablándoles lentamente y con claridad expositiva.
Sin embargo, si el niño padece un tartamudeo grave, en el que se ponen de manifiesto muestras de una gran tensión, esfuerzo físico y lucha por intentar esconder su situación evitando, incluso, expresarse libremente, habrá que acudir de inmediato a un especialista. En este caso, serán los foniatras los encargados de tratar este déficit en la expresión oral.
No olvidemos que, en cualquiera de los casos, debe ser el pediatra el encargado de indicar el grado de tartamudez que posee el niño y, si necesita acudir al foniatra o no.
Según los expertos en el tema, un diagnóstico precoz es fundamental para ayudar al pequeño a desenvolverse con soltura en su etapa adulta, momento en que los resultados obtenidos tras realizar los tratamientos, son inferiores.
Temas: Desarrollo infantil, Niños, Salud infantil, Ser padres
