La dermatitis atópica: implicación familiar y pediátrica
La dermatitis atópica causa un enorme grado de padecimiento físico y psíquico, tanto para el niño, como para la familia. Los padres llegan, a menudo, a exasperarse, tanto debido a las lesiones que afectan la cara y el cuerpo, como por el incesante picor que atormenta al niño, especialmente, durante la noche.
En algunas ocasiones, la falta de conocimientos del pediatra sobre la complejidad de esta enfermedad y consecuentemente, la dificultad de su tratamiento, pueden incrementar la intranquilidad de los padres y su pédida de confianza.
El niño tiene que ser seguido de cerca por un Alergólogo Pediátrico de forma que, con la aparición de los primeros síntomas de la enfermedad, se puedan tomar las medidas terapéuticas necesarias para controlar el problema. La dermatitis atópica no se beneficia de tratamientos protocolarizados predefinidos. Cada paso debe ser examinado cuidadosamente, en la esperanza de descubrir, y con ello eliminar, todos los factores causantes.
En definitiva, los niños deben visitar al pediatra con regularidad, para que las lesiones puedan ser controladas y pueda progresar de forma satisfactoria, tanto desde un punto de vista físico y/o intelectual, como emocional.
Y es que, como en cualquier otra enfermedad crónica, los padres deben recibir apoyo, aliento y ayuda. Necesitan un libre acceso al médico o al pediatra, y sentirse libres para hablar de cualquier problema concerniente a la enfermedad y, por tanto, a su tratamiento.
La frecuencia de visita depende de la gravedad de la enfermedad, la respuesta terapéutica, el grado de ansiedad de los padres, la confianza en el equipo médico, así como en el tratamiento y su propio conocimiento de la enfermedad.
Finalmente, se deben dialogar con el pediatra medidas preventivas de la alergia y/o enfermedades respiratorias, como el asma y la rinitis.
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