Intolerancia a la lactosa en los niños
La intolerancia a la lactosa es una alteración a nivel digestivo que se fundamenta en la incapacidad de digerir un tipo de azúcar que se encuentra en la leche y en otros productos lácteos, llamado lactosa.
La leche, además de agua, está compuesta por proteínas, minerales, vitaminas, grasas, azucares y carbohidratos a los cuales también se les llama azúcares. La lactosa, es el azúcar de la leche y cuando un bebé o un adulto es intolerante a este componente es porque su intestino delgado no produce en cantidades óptimas, una enzima que se llama lactasa.
La intolerancia a la lactosa se puede presentar en cualquier momento de la vida, y aunque es una deficiencia que la padecen más los adultos, también pueden sufrirla los bebés y los niños. En muy pocos casos, se puede nacer con ella.
Los síntomas más frecuentes son:
- Cólicos abdominales.
- Flatulencia.
- Pérdida de peso.
- Diarreas casi líquidas.
- Hinchazón de abdomen.
Por lo general la diarrea es el síntoma más común pero se ha notado que el estreñimiento prolongado y acompañado de dolor en la evacuación y/o con pequeñas lesiones anales puede ser también un síntoma de intolerancia.
Si se tiene alguna sospecha de que el bebé es intolerante a la lactosa, hay que consultarle al pediatra. El hará los exámenes correspondientes y confirmará si en realidad el pequeño tiene esta deficiencia digestiva.
En caso de que los exámenes confirmen que el bebé padece está afección, se deberá adaptar su dieta con alimentos que no contengan lactosa. Los bebés menores de seis meses que basan su dieta en la lactancia materna, es decir, leche materna, deberán consumir leches con fórmula especializada para casos de intolerancia a la lactosa. También se puede optar por la leche de soja o la de arroz, pero la recomendación del pediatra será la más indicada para el bebé, pues cada caso es particular.
De todos los mamíferos, la leche humana es la de mayor concentración de lactosa, por eso, según el organismo de cada individuo, la intolerancia a la lactosa puede desaparecer después de los 2 o 3 años de edad. En todo caso se recomienda hacer un seguimiento y comprobar que el niño puede pasar a la leche de vaca y consumirla sin problemas.
La deficiencia de lactasa también puede ser consecuencia de enfermedades intestinales como la gastroenteritis o se puede manifestar en forma temporal por la presencia de infecciones virales o bacterianas, afecciones comunes en los niños.
Lo importante es tener siempre en cuenta las recomendaciones del pediatra y no hacer algún cambio de alimentación sin consultárselo. Y antes de tomar decisiones apresuradas o radicales en cuanto al consumo de la leche, es bueno recordar que no consumir leche puede causar insuficiencia de calcio, vitamina D, riboflavina y de proteínas, por lo tanto es necesario que siempre la incluyamos en la dieta del pequeño.
Temas: Alimentación del bebé, Alimentación infantil, Lactancia materna
