Hermanos y diferencias

14 de febrero de 2009 por
p2280068Es común la preocupación de muchas mamás primerizas cuando piensan en la posibilidad de tener otro bebé. Les preocupa hacer diferencias y no querer a los dos hijos de la misma manera.

Cada hijo ocupa un lugar particular, porque es un ser particular.

Cada hijo llegó a la familia en un momento, orden y circunstancia especiales.

Cada hijo despierta sensaciones diferentes. Nos moviliza desde lugares distintos a los otros. Siento que definitivamente no somos los mismos padres de todos nuestros hijos.
Quizás con el primero nuestra inexperiencia y miedos nos atrapan y con el segundo en ese aspecto nos relajamos. Con el segundo sentimos miedo que sufra el primero y con el tercero ejercemos un disfrute más despreocupado. Con el tercero vivimos corriendo y con el primero nos podíamos dedicar más a algunas cuestiones. El primero no tiene hermanos y los otros llegan cuando ya los hay…

Hay circunstancias ocasionales que pueden marcar la llegada de cada hijo, duelos en curso, problemas laborales o económicos, crisis de pareja o familiares, etc. O a la inversa: crecimiento laboral, momento intenso de encuentro en la pareja, etc. Diferencias….hay.

Cada hijo nos sumerge en aguas distintas. Nos mueve de manera especial partes de nuestra historia. Y desde ahí creo que las diferencias son sanas y necesarias, mientras estén sostenidas por ese amor particular que sentimos por cada uno. Mientras que sea una diferencia que no separe, no lastime, que no genere sensaciones desagradables entre los hermanos.

Son dolorosas las diferencias que ubican a alguno como depositario de todo lo negativo y otro queda resguardado entre lo positivo que tenemos para ubicar. Ahí entraríamos en terreno de lo que no es saludable.

Es cierto que hay familias que marcan diferencias fuertes. Diferencias que tienen que ver con el amor, con el vínculo profundo que sostiene la relación. Diferencias en cuanto a las potencialidades que atribuyen a cada hijo para enfrentarse a la vida. Diferencias según el sexo en cuanto a permisos, derechos. Diferencias que enferman.

Las otras, las diferencias por la diferencia misma que existe entre un hijo y otro. Las diferencias porque con cada uno establecemos un vínculo único. Las diferencias porque son personas diferentes, son sanas, necesarias y generan crecimiento. Son las que le darán a cada persona el contexto de individualidad con el cual se va a desarrollar en su vida.

El amor por los hijos se siente, no se mide por mitades ni por cuartos. No me sale definir el amor por mis hijos como igual, parecido o distinto. Se siente amor…

Les vamos dando a los hijos lo que podemos, lo que nos sale. Puede ser que hagamos alguna diferencia, sin quererlo, o porque alguna circunstancia especial se nos presenta. Siempre hay tiempo de mirar, de revisar y reparar.

Puede ser que, por ejemplo, sin darnos cuenta ubiquemos a alguno en situación de mayor fragilidad entonces le dejemos pasar algunas cosas que a los otros no. Y así como esta muchas situaciones.

Escuchando a los chicos atentamente podemos descubrirlas. Todo es cuestión de mirar el camino de la crianza. Escuchar y abrir puertas internas.

Una cosa: Hacemos diferencias. Cuando las corridas diarias nos hacen encontrarnos con las demandas de todos, al mismo tiempo, y con la urgencia de recibir lo que piden, es imposible cubrir esas demandas al unísono, y en sintonía para que nadie se sienta herido. Nos pasa. Porque no se puede con todo, yo por lo menos no puedo.

Vamos respondiendo como nos sale. La perfección se me hace imposible, por suerte. La respuesta inmediata a todos también. Y una relación “igual” con mis tres hijos: impersonal. Hay mucho para pensar sobre este tema..

Temas: Desarrollo infantil, Educación de los niños, Niños

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