Mi hijo pasa más tiempo conmigo, que yo con él
Esta Semana Santa pasó como siempre, como un tiro. Ya me he acostumbrado a que una semana de vacaciones se acabe enseguida, y a que los findes sean “blup” (visto y no visto).
Eso pensaba mientras conducía de vuelta, cuando algo me hizo recordar que de niño no era así y pensé: “entonces, para él (por mi hijo de 3 años que iba atrás en su sillita), esta semana habrá durado más tiempo que para mí”. Paradójico.
Me hizo bastante ilusión imaginar que él estaría viviendo en directo los sentimientos que yo sólo podía recordar: “aquellas largas temporadas con mis padres en Asturias, ¡qué bien lo pasaba!”. Y por otro lado me planteó un dilema metafísico difícil de resolver: resulta que si yo paso dos días con un niño, él ha pasado “más tiempo” conmigo que yo con él, ¿cómo es posible?
Se me ocurre un ejemplo gráfico: si imaginamos que el tiempo es como una línea recta, la línea del fin de semana de un niño no puede ser más larga que la del mío porque entonces acabaría el lunes, ¡¡pero su línea es mucho más ancha!!, cabe más contenido, más vivencia, más recuerdo… más tiempo.
En fin, no me toméis por loco, simplemente quería contaros que desde entonces intento sin éxito ajustar el “ancho de banda de mi tiempo” al suyo, y siento mucha envida por su capacidad de expandir los momentos. Ojalá hubiera una pastilla (legal) para adaptar nuestra percepción del tiempo a la de nuestros hijos.
Y cuando ya tengo el post terminado, a punto de publicarlo, con el título y todo decidido, ocurre algo que le da un matiz distinto al texto. Resulta que las cenizas errantes de un volcán islandés (jamás pensé que nada de lo que pasara en Islandia me podría afectar), tienen “atrapados” a mi mujer y mis dos hijos en tierras escandinavas. Lo que iba a ser una corta semana de “Rodríguez” (desde mi percepción), va camino de convertirse en doce largos días “sin ver a papá” (desde la suya). Qué bajón.
Temas: Paternidad, Viajar en familia
