El Puerperio Emocional (I)

17 de septiembre de 2009 por

baby_momEn teoría, el Puerperio o cuarentena es el periodo de tiempo después de un parto donde el cuerpo materno vuelve poco a poco a adquirir las condiciones pre-gestacionales. La realidad es que una mujer nunca volverá a ser la misma persona emocional que antes de dar a luz y que el puerperio va más allá de esos frecuentes cuarenta días tan publicitados.

Es frecuente preguntar a una mujer que acaba de dar a luz sobre el estado de las suturas, la progresiva disminución de la barriga, el cansancio, etc. Para todo esto hay un seguimiento médico que además se preocupa de que la madre no sufra anemias y es algo que, quizás por lo evidente que es, todo el entorno se hace cargo.

Pero hay una parte del puerperio mucho más escondida y tan importante o más como el estado físico. Se produce una disminución de las hormonas placentarias, así como de los estrógenos y la progesterona. La prolactina aumentará sus niveles considerablemente. Esto convierte a la mujer puérpera en una bomba de emociones que con frecuencia resulta muy difícil de entender.

La felicidad por tener en brazos a su bebé es desbordante, pero en ese momento, la mujer se convierte en madre cambiando así muchas de sus habituales conductas y degradando su papel de esposa, hija, hermana, etc., a un segundo plano. Y así debe ser. En ese periodo de tiempo, el entorno familiar debería ser consciente de ese estado emocional donde la nueva madre se ha sumergido y respetarlo. Los cambios de humor, las ganas de llorar sin un motivo suficientemente aparente para los demás, las crisis de autoestima y la falta de confianza, deberían ser tan aceptados, conocidos y respetados como el resto de secuelas postpartales. Lo que más ayuda a llevar ese proceso es la comprensión hacia la nueva madre y el respaldo emocional, sobre todo por parte del nuevo padre.

La prioridad es el vínculo madre-bebé. Todo lo demás es secundario. El padre juega un papel fundamental -y a falta de este, alguien debería asumir este rol- y es proteger ese vínculo madre-bebé. Las visitas deberían ser pocas y breves, pues la mamá no está para cortesías. Las tareas del hogar requieren un tiempo que la madre necesita para atender a su bebé y descansar ella. No es mejor padre el que cambia más pañales ni el que se levanta más veces por las noches, sino el que comprende esa nueva unión familiar y lucha por mantenerla a salvo.

La inseguridad y los comentarios externos -con frecuencia erróneos-suelen ser uno de los peores enemigos de la lactancia materna. Si el padre tiene conocimientos sobre el tema, es más fácil ayudar a mantener una buena lactancia desde el principio. Además existen asesoras de lactancia (y algún asesor) y libros especializados, destacando “Un regalo para toda la vida” de el Dr. Carlos González.

No es extraño encontrar a una “reciente madre” llorando desconsoladamente delante del armario. La ropa que elegimos habitualmente para un encuentro familiar puede no ser adecuada para amamantar a un bebé y aunque parezca exagerado, a veces resulta difícil salir de casa por no saber qué ponernos. Es en esas situaciones donde la comprensión y el sostén emocional vuelven a ser necesarios.

Temas: Postparto

Comentarios Este artículo no tiene comentarios
Deja un comentario

* Estos campos son obligatorios

Al apretar el botón "Enviar" aceptas las condiciones legales de paraBebes y clubParenting.